sábado, 17 de enero de 2026

Manuel Antonio, un acierto y todo un descubrimiento en Costa Rica.

     Llevaba días debatiéndome entre optar por ir a Tortuguero (que estoy seguro de que es una pasada) pero está muy mal comunicada y me obligaba a perder un día. Como para entrar en Costa Rica te obligan a enseñar el billete de salida, era un lío ampliar otro día para contemplar esa opción.

    La otra era Tamarindo, pero me la desaconsejaron mis compañeros del parque de Monteverde que dicen que está muy masificada y con exceso de marcha, incluso drogas me decían. También el guía apoyó la opción de Manuel Antonio muy por encima de las otras dos si quiero ver animales. 

    Al final esta última playa del Pacífico, más familiar y tranquila y con un fabuloso parque según dicen para avistar fauna ha ganado la partida.

    Esta mañana a las 8 nos han recogido en varios hoteles a un matrimonio suizo, dos chicas por separado de las que viajan solas y a mí y nos hemos puesto en camino. Doscientos kilómetros había que hacer y lo previsto eran 6 horas. 

    Aunque cansado, el paisaje me ha fascinado. Hoy he hecho de día lo que el otro día me pilló de noche. Aquella carretera de tierra, baches y curvas que describí en la otra entrada es una zona de varias sierras escalonadas y algunas muy profundas y llenas de vegetación. La verdad es que es no apta para quien no aguante las curvas, pero yo he disfrutado mucho. 

Como el borde de la carretera es tan frondoso y hay tanta curva, hacer un buen reportaje fotográfico era imposible. Cuando te gusta una zona y la ves en un clareo, antes de poner la cámara en ristre vuelve a haber follaje o bien viene una curva y ya estás mirando para otro sitio. Ahí tenéis lo poco que merece la pena de las fotos que he tirado pero os aseguro que es una zona para visitar con un coche particular y parar mil veces. 


Después de los primeros cincuenta kilómetros de montaña, tierra, baches y curvas accedemos ya a carreteras nacionales llenas de coches y con muchos ratos de estar parados por obras y otros problemas viarios. Como veis en algunas zonas la carretera es un túnel de vegetación tropical. Me encanta ver lo mentalizados que están con su insólita y abundante biodiversidad. 

Uno de los mayores atascos lo provocan las obras en el puente sobre este ancho río. El chófer al llegar nos da 20 minutos para ir al baño o tomar algo y añade que si nos asomamos al puente veremos cocodrilos abajo. Se equivocó al usar el plural. Sólo vimos uno aunque bien grande. El conductor a la vuelta nos dice que las obras no son para mejorar o agrandar el puente sino para mejorar el hábitat de los reptiles y que afloren más a la vista de los turistas. Eso nos ha dicho.
Tras otros cien kilómetros por distintos valles vemos el Pacífico y nos empezamos a mover por la orilla de distintas playas. La mayoría de las siguientes fotos son ya de la zona de Manuel Antonio y la playa a la que bajaría tras instalarme en el hotel. El clima aquí abajo es bastante peor que en Monteverde (allí andábamos entre 1400 y 1800 metros sobre el nivel del mar). En la playa es asumible la temperatura máxima pero bastante menos la mínima (24°C) y nada asumible para mí que sudo un montón la humedad. Aquí voy a necesitar como en la India dos o tres camisetas diarias que terminarán empapadas. Que le vamos a hacer?. 


He necesitado una horita de siesta después de comer para recuperarme del viaje pero en seguida me he bajado a la playa. Estaba deseando y ha sido como un reencuentro entre dos amantes. En el entorno hay varias playas de distintos tamaños. La más cercana al hotel es esta y es como las de las pelis de Hollywood. 

Al poco de detenerme en la arena, las rocas, y las ensenadas que forman ambas, miro hacia arriba y en las palmeras, además de grandes cocoteros hay grandes pájaros dispuestos a ver el atardecer como yo. 

Debajo de una zona de grandes árboles hay gente mirando hacia arriba, algunos con unas cámaras con teleobjetivos de medio metro. Me acerco y hay decenas de monos jugando y saltando de rama en rama como atletas circenses. Una naturaleza, en fin, totalmente desbocada. Selva y playa amalgamadas. 

Al acercarme a uno de los extremos de la playa veo que hay una laguna que se mete hacia el interior y ese par de carteles absolutamente aclaratorios. Hablan de no bañarse por los cocodrilos..., yo aunque veo a gente entrar y salir por los senderos laterales ni me lo planteo. Mañana con un guía a mi lado y dentro del parque ya los veré, supongo. 

Al final todo el mundo va buscando su sitio para ver el ocaso y ciertamente merece la pena. Me quedan otros dos días por aquí. Mañana empezaré por el Parque Nacional y el resto Dios dirá. En estos sitios no hay que hacer muchos planes. Sólo disfrutarlos.

La jornada termina con un baño en la piscina del Hotel Manuel Antonio Park, a 150 metros de la playa y 100 de la puerta del parque. El agua no da impresión (con estas mínimas) y no refresca demasiado pero quita el sudor y relaja los músculos. Ni tan mal.

Dulces sueños amigos. El objetivo mañana, por este orden: oso perezoso, iguanas (hoy he visto una bastante grande cruzar la carretera), tucanes, monos, colibrís, cocodrilos, etc.., esperemos que haya suerte porque al ser animales en libertad nunca se sabe. Buenas noches. Manuel Antonio puede prometer y promete. Jejeje. 

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