El día no ha dado para mucho más porque tenía una entrada para ver a Bela Fleck a las 8 de la tarde y quería pasar por el hotel para descansar un rato antes.
Tengo que decir, creo que no es la primera vez, que me gusta el pueblo americano. Tiene muchas diferencias con nosotros. Para empezar creo que se juntan mucho menos. Aquí las distancias marcan su vida y son demasiado grandes como para hacerlas frecuentemente. Desde Europa nos cuesta comprenderlo pero desde aquí lo veo claro.
Pero es gente alegre y abierta y no esperan que les pidas ayuda, a la mínima te la ofrecen ayudando si ven tus problemas de movilidad, cediendo el paso, super educados y pacientes en el trato y en los sitios en donde hay colas y muy buenos conductores. El tráfico yo creo que es el lugar del mundo en el que me he sentido más seguro.
Cerca de casa he visto unos murales pintados en unos almacenes con estos símbolos de la ciudad: la música, el mercado que he visitado hoy, la calle Bourbon, la más marchosa y un tranvía (hay muchos).
Para llegar al mercado hay que atravesar el barrio francés lo cual siempre es grato. El desayuno en un café con sabor cubano, es decir, español colonial.
Con el tiempo que está haciendo (estamos a la misma latitud que Rabat, para que os hagáis una idea), y el ambiente y el fantástico comercio amenizado con la música callejera (cuando te alejas de un grupo o cantautor empiezas a oír al siguiente vayas hacia donde vayas), es una delicia pasear.
Estos han estado tocando en el café del mercado mientras comía. El guitarrista de abajo a la derecha, encorvado el hombre, ha hecho unos solos con muy buen gusto y destreza. Solo la chica que cantaba de vez en cuando bajaba un poco el nivel.
Esos dos cantantes (con música enlatada) tenían una voz muy negra y muy buena. He enviado al hombre. Los de abajo eran una banda de Dixiland. El hombre de abajo a la derecha (camiseta azul) alquila en la plaza de la catedral las fichas de madera de ajedrez y la sabana donde jugar. Son de madera maciza y las transporta en ese cesto enrejado blanco.
Detrás del árbol de Navidad y el letrero de la urbe está el Mississippi. La fuente y ese grabado están en los aledaños del mercado. La ciudad vieja es una retícula por la que no te pierdes.
Me encanta la imagen ecuestre del General Jackson con la bandera. Por eso os la repito. La otra imagen ecuestre, encima de esa foto mia con una recolectora vendedora de productos agrícolas es de Juana de Arco. Las otras dos fuentes también adornan el distrito del mercado.
Este es ya el lugar. Se ve mucho turista pero la mayoría es turista americano. Lo he comprobado en uno de los corrillos musicales donde han preguntado los músicos de donde era la gente. Había mucho ambiente. Otro ciudadano de Nueva Orleans con el que he hablado me ha contado que por esta ciudad pasa gente de absolutamente todo el mundo, y sin duda lo creo. Aunque hay mucho Yankee, hay también mucha mezcla.
El comercio es muy variado y atractivo. Es sin duda la zona de más afluencia por encima de las calles Royal y Bourbon que son las de la marcha.
Lo de los sombreros es muy chocante. En ningún sitio del mundo he visto tanta variedad. Formas, colores y materiales hasta el infinito y más allá. Jejeje. También hay muchos petos, una de las prendas que más me gustan para las mujeres,... Además de la falda (si puede ser corta, mejor). Ya dije que abundan las galerías de arte. Yo creo que son un estupendo termómetro del nivel cultural de cualquier ciudad.
Había muchos puestos con esas bocas de caimanes, debe ser algo muy típico. También zapaterías con calzado de piel de cocodrilo. Camisetas, ropa en general y arte, para aburrir.
También hay muchos negocios relacionados con el vudú, pero es un tema que me atrae poco. Las dos camisas de los dos extremos de la primera fila de la composición me encantan.
Libros de segunda mano, adornos para casa, perfumes, joyerías a mansalva (otro tema que no me interesa). Para que contaros la bisutería que hay.
Después de comer en el mercado he vuelto a la plaza de la catedral. Está absolutamente toda rodeada de pintores y caricaturistas (parece Montmartre en París). Además hay gente echando las cartas o leyendo las manos, haciendo tatuajes de henna, por supuesto músicos, saltimbanquis y equilibristas. Para mí gusto lo más atractivo la música y la pintura.

Y por último tras un par de horas de descanso en el hotel me he ido al teatro para oír a Bela Fleck y los Flecktones. Un concierto de nivel mundial. El mejor tocando el banjo con el que interpreta jazz, clásica y lo que se ponga. El concierto ha sido muy original y variado. A mí me ha recordado un par de discos que tengo de Alan Stivell. El bajista Víctor Wooten al parecer es de lo mejor del mundo también. Su hermano tocaba la batería y un extraño instrumento parecido a una guitarra con el que hacia ritmos que sonaban a timbales y platos. A los saxos Jeff Coffin, un crack. Lo que tocaba Roy Wooten, hermano de Víctor es un "drumitar", controlador electrónico de sonidos de percusión con forma de guitarra. No lo había visto antes. Además han participado en el concierto Alash Ensemble, un grupo de una región rusa con instrumentos y voces (canto de garganta tuvinio capaz de entonar tres notas a la vez) muy exóticos que le han dado un toque muy étnico al concierto que además en ciertos momentos pasaba por melodías navideñas. Una cosa bastante única en resumen. A lo de los rusos merece la pena echarle un vistazo en internet, es muy interesante pero aquí me alargaría mucho.

Mañana viajo a Los Ángeles a encontrarme con mi hijo Miguel con el que estaré hasta el domingo siguiente. Os podéis imaginar la ilusión que me hace. La programación va a ser toda a su cargo. Ya os iré contando. Buenos días. Buenas noches.
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