Nuevamente el cambio de registro es de ciento ochenta grados. Si Calgary es una ciudad en medio de un paramo seco bañada por un río que al menos en ese tramo lleva poca agua y que me ha parecido bastante más desarrollada industrialmente que urbanísticamente a pesar de sus rascacielos, Victoria es una ciudad fronteriza dentro de una isla bañada por el Pacífico, muy verde y con construcciones y ambiente con mucha solera, tradición e historia desde mucho antes de que Canadá fuera un país independiente aunque asociado a la Commonwelth en el que el Jefe del Estado sigue siendo el Rey de Inglaterra.
En estos tres recortes de Maps vemos si situación continental, isleña y fronteriza.
Siempre que viajo me planteo el día con mucha tranquilidad. Primero porque para no tener errores fatales en los transportes y enlaces, la cabeza ha de estar atenta, despejada y concentrada. Segundo porque los viajes por muy relajados que sean siempre cansan más de lo que uno espera. Y el de hoy además porque con eso de andar buscando ayer grafitis en una zona muy amplia me pegué una buena paliza a andar.
Me presenté en el aeropuerto como siempre con más de dos horas de antelación, no hubo problemas ni en el embarque ni en los controles y el vuelo fue muy grato. Escasamente hora y cuarto y muy poco movimiento del avión salvo en la subida que siempre lo hacen un poco.
Nada más llegar se nota el cambio radical de escenario. Mucha agua y mucho verde tanto en los árboles como en las praderas. El tráfico desde el aeropuerto animado y de pasada ya entrando en la ciudad que distaba 33 km, esa iglesia que supongo anglicana.
El hotel, lo veis en la foto central de arriba, está más céntrico de lo que esperaba (la información de Booking en eso no aclara mucho) y justo en la acera de enfrente veo esa otra iglesia con lo que en lugar de comer en el propio hotel y quedarme en la habitación decido buscar un bar en el entorno más inmediato. Esas casas son muy cercanas, se ven antiguas y el barrio parece un clásico portuario con viviendas en su época modestas.
Solo una manzana más allá está el puerto y ese si tiene construcciones relevantes reflejando el señorío de la villa.
Mires hacia donde mires todo es como lo esperaba yo ver en este país; construcciones de un estilo supongo que victoriano del tipo de las que el cine se ha encargado de popularizar cuando campa por estas tierras. El ocaso rojo y amarillo siempre obligan a una contemplación serena. Veo un par de hidroaviones listos junto al agua. Aquí si habrá turismo.
Para el centenario de la marina canadiense han hecho esa maravilla de escultura que llaman "La vuelta a casa". A unos metros sentado en un banco les contempla un veterano soldado con el que intento sentirme identificado.
Al salir de un restaurante japones donde me he tomado un "ramen", una cerveza y un helado veo que han iluminado algunos edificios con mucho gusto. Tengo dudas de si es por Navidad o es que la ciudad lo hace como reclamo turístico.
El más relevante ademas -se trata del Parlamento Provincial Unicameral de la Columbia Británica- con un letrero nos da la bienvenida. Esta institución aprueba leyes provinciales que han de ser sancionadas por el representante de la Corona. No obstante tiene bastantes competencias (educación, salud, carreteras y otras...).
Total que sin salir de mi barrio, y sin comerlo ni beberlo, he hecho la primera visita.
Ni tan mal para un día de traslados. Voy a estar cuatro noches y espero aprovecharlas y contaros muchas cosas bonitas estos días. Ahora mismo estáis todos durmiendo. Feliz descanso. A mí me queda un trozo de tarde. Voy a ver si empiezo in dibujico de Bangkok.
Hasta mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario