Todos esos colores en mil matices y otros muchos según las horas del día y los lugares que se visitan alegran la vista del viajero por esta isla y es de suponer que por todo Hawaii.
Hay varias zonas que visitar y la isla es como tres cuartos de Tenerife así es que estaba complicado. He optado por alquilar un coche para no estar sujeto a horarios pero no va a ser suficiente. El primer día he visitado algunos miradores y playas, quería ir también al Centro Cultural Polinesio que me había recomendado mi amigo Pedro y si daba tiempo ver las playas del norte que son las más abruptas y surferas. Esto último de noche y sin luna no lo he podido ver. Ea!!. El tiempo es el que es.
Este es el coche. No tenían coches pequeños así es que no me quejaré porque he disfrutado la conducción. Muchos vehículos van con sus tablas listas. También las canoas tienen mucha cancha.
Desde el primer mirador además de esa preciosidad de playa, como veréis todas sin agobios, se ven los alrededores de Honolulu, un valle y un par de laderas llenas de chalets orientados al océano. Son 350.000 habitantes en la ciudad y un millón en el condado. La renta media dice Chris que es de 85.000 dólares al año. No está nada mal.
Por la orientación, la ortografía, las barreras naturales y artificiales y por la propia naturaleza de la isla se alternan lugares super tranquilos de aguas sosegadas con zonas de baño muy peligrosas por la violencia del océano. Esta que os muestro es del primer grupo.
Hay también muchos rompeolas donde la tierra volcánica ha llegado al mar y son muy espectaculares y con formas caprichosas debido a la erosión. Los miradores suelen estar en alto pero hay gente joven que baja y se acerca al agua. Una paloma observa atentamente.
Estas cuatro tomas son de la misma playita que se ha formado entre dos entrantes rocosos. Cinco personas contadas había. Que gozada pensar que aún en sitios muy turísticos quedan cosas así.
En esta el mar estaba bravo. No sé si la bandera es amarilla o roja. A mí me parece naranja. Fijaros donde rompe la ultima ola. Debe de haber un escalón nada desdeñable. Al fondo parece que había más bañistas. Puede que esté más resguardado. Es todo muy cambiante.
Este es otro mirador con otra magnífica playa y una isla enfrente. Hay muchas y le dan variedad al paisaje. Me gusta cuando ocurre.
Debe de estar legislado porque no hay ni un chiringuito ni bares donde comer por ningún lado. Me ha chocado mucho. Mi comida ha sido una piña que me han cortado en un carromato en la carretera, dos plátanos y dos refrescos también de frutas; eso sí, con los pies como veis a un palmo del mar en una estrecha playa con un niño pescando, una niña jugando con la arena y un pescador abriendo un atún. Lugar idílico y emplazamiento inmejorable.
La carretera tiene a la derecha el océano y a la izquierda esos montes de piedra en buena parte cubiertos de verde; y a los lados grandes árboles, muchos de ellos milenarios. El prado es un cementerio americano. La bandera y cuatro flores sin cruces ni nada lo componen y una edificación que no he podido captar.
Algunos remansos son para sentarte con un libro o una guitarra quien sepa tocarla y dejar pasar el día.
Este es el tipo de vibienda que impera. Todas iguales, todas distintas. Hay zonas en las que está señalizado el peligro en caso de sunami y se ven bastantes casas con la primera planta sin paredes cobijando el coche y la canoa, tablas de surf o barca.
A las tres y media he llegado al Centro Cultural Polinesio y me he apuntado a una cena-baile que empezaba a las cinco, así es que el parque en sí lo he visto a uña de caballo, pero bueno, me ha gustado mucho. Era para haberle echado el día entero. Me pasa en demasiados sitios pero este viaje es así. Ahí veis algunas pequeñas cascadas, actividades para los visitantes y muestras de la etnografía de las islas.
Había artesanía y música en un entorno arbolado y de construcciones todas de madera y paja muy cuidadas y en perfecto estado. Lagos y puentes y todos los archipiélagos representados cada uno en una zona del parque.
Aquí tengo que hacer un inciso porque yo no tenía claro lo que es la Polinesia y me he tenido que informar. La forman todos los archipiélagos dentro del triángulo entre Nueva Zelanda, Hawaii y la Isla de Pascua. Aunque cada uno pertenece a países distintos, tienen en común muchas cosas (raíces lingüísticas, morfología, riqueza cultural,...). Son varios los grupos de islas dentro del triángulo. Los más famosos, Samoa, las Islas Fidji y la Polinesia Francesa. También hay algún grupo fuera del mencionado triángulo pero son menos conocidos. Ahi tenéis varias construcciones, esos tam tam preparados para una actividad musical y los "Moái" de Pascua. El fuego también es un elemento muy ligado a esas culturas.

El paseo aunque intenso ha sido muy variado. Ahí veis a varios grupos de turistas entretenidos unos haciendo pita, otros girando unas bolas de madera hueca con cuerdas, y otros recibiendo información de una de las operarias del parque. Son todos encantadores y con una sonrisa radiante. También veis alguna construcción, una larguísima canoa y otros elementos que me he encontrado.
Por el lago pasaban turistas en canoa remando dirigidos por un Polinesio. Eso sí me hubiera gustado hacerlo pero se hacía la hora de la cena que aquí son las 4,30 o 5 de la tarde.
A las 4 empezaba un espectáculo en la zona de las Islas Fidji que me he quedado a ver. Relataba costumbres de pedidas de mano, relaciones con sus dioses y otras historias. Los bailes eran muy atractivos y enérgicos. En el estado he colgado varios vídeos.
Han sido veinte minutos muy intensos. Al acabar me ha chocado la presentación de los bailarines, todos con sus carreras (psicólogos, informáticos,etc.). Vaya pintas tiene el jefe.
Los bailes de la cena han sido sin embargo muy flojillos, muy lentos y sosos. Me han colocado el collar de flores al entrar y la gente se hacía fotos con los artistas. Yo no, por temor al sacacuartos. Jejejeje. La música en vivo también normalita. Voces empastadas y un instrumento de cuerda de esos que se pone en una mesa y se toca moviendo una barra metálica sobre las cuerdas con un sonido muy característico. Mejorable.
La gracia y dulzura de alguna de las bailarinas ha salvado el evento. No me he quedado al show final (que había que pagar) por intentar llegar a las playas del norte pero eran ya las 6,15 de la tarde y no había luna así es que aunque he ido para luego volver por otra carretera por en medio de la isla, no he visto nada. Era una noche muy cerrada.
Mañana quiero ir a Pearl Harbour pero ya sin coche. Con un UBER a ver los recuerdos del bombardeo japonés y de la segunda guerra y un museo de la aviación que es lo que más me atrae. Si me sobra tiempo volveré a la playa de Waikiki y pasado mañana rumbo al pleno invierno canadiense. Miedo le tengo al frío.
Buenas noches!!. Buenos días!!.
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