Sin duda es la auténtica capital de Australia, para mí por encima de Melbourne. El emplazamiento de la ciudad recuerda al Bósforo y el Cuerno de Oro de Estambul solo que sin minaretes, pero con muchos más veleros y en síntesis una localización ideal y una ciudad muy grande pero accesible.
A la salida de Kiama en coche el paisaje sigue siendo muy bonito. A la derecha el mar y a la izquierda esa cadena montañosa que supera los mil metros de altura y que está muy verde y llena de senderos para quien quiera zambullirse en ella. Seguimos viendo muchos grandes camiones. Os pongo también la trasera de un Tesla porque los hay a montones en Australia, junto a muchos 4x4 y numerosos grandes coches chinos y japoneses sobretodo.
En la ciudad de Sydney los edificios modernos son bastante menos espectaculares que los de Melbourne, pero no deja de tener sobretodo un barrio financiero donde se agrupan un buen número de ellos. El segundo de abajo por la derecha es nuestro hotel.
También hay una parte de construcciones clásicas. La última de arriba a la derecha es el Parlamento, la Catedral está consagrada a Santa María y el edificio central junto al estanque es un memorial a los soldados australianos y neozelandeses.
El Capitán Cook, La Reina Victoria y otras personalidades que han tenido gran influencia en la historia de Australia son recordados en sus plazas.
Pero lo que realmente hace que Sydney sea una ciudad de referencia mundial es la bahía y sus tres vistas más fotografiadas, la Opera, el Puente que une los dos extremos y el Skyline del barrio financiero. Un triángulo difícilmente igualable. Os pongo un par de composiciones porque hay muchas perspectivas interesantes a poco que te muevas.
A la parte alta del puente como veis en una de las instantáneas se puede subir. No lo haremos. Cuesta 265 dólares australianos. Después de pezotear un rato en la zona nos hemos cogido un ferry que nos llevaba en 20 minutos a Manly, el primer pueblo en parte fuera de la bahía que por tanto da ya también al océano abierto.
El paseo en el ferry es súper agradable, y el pueblo un buen sitio donde comer y tomar un helado, aparte de contemplar las olas oceánicas sentados en un banco corrido con el sol en la espalda. Hay cantidad de veleros y regatas en distintos puntos de la bahía. La iglesia es la de Manly, y el color de la Opera al caer la tarde muy bello.
Os despido con una foto del grupo que como veis funciona muy bien; esa ave que abunda en todo el país y cuyo pico me encanta, suele rascarse el pecho con él; la joya de la corona (miraré a ver si estos días hay algún espectáculo interesante), y una muestra más de los árboles que nos encontramos a diario por todas partes. Mirad el tamaño de mis compañeros debajo.
Ellos se van el domingo a la barrera coralífera y yo seguiré en Sidney hasta el miércoles próximo que me voy a casa de Javier Yébenes a descansar unos días y culminar la primera parte de este viaje maravilloso. Buenas tardes España. Buenas noches.
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