martes, 14 de octubre de 2025

Segundo día en Kiama disfrutando de la naturaleza.

     Una ciudad Kiama en Nueva Gales del Sur al este de Australia con 15.000 habitantes y una naturaleza desbordante. Nuestra idea era explorar la costa antes de llegar a la gran ciudad, Sydney, para todo el mundo la capital de Australia. Objetivo cumplido. Esta pequeña ciudad nos ha dado lo que buscábamos.

    Hemos empezado visitando el Cabo Bombo, un paisaje de columnas de basalto formadas hace 260 millones de años al enfriarse la lava del volcán que hubo en el entorno. Recuerda mucho a la Calzada del Gigante de Irlanda del Norte y es muy espectacular. Tiene una magnífica playa desierta a un lado. Ya comenté ayer que el océano es muy peligroso en esta zona y hay pocos bañistas y los que se mojan lo hacen en la orilla. 


Esas enormes formaciones geológicas golpeadas una y otra vez por el mar son hipnóticas. La fuerza de la naturaleza en toda su plenitud..

El segundo lugar al que nos hemos dirigido no ha sido menos impactante. Unos pocos kilómetros más al norte está el Cabo Minnamurra donde han puesto una plataforma para observar a las ballenas en su migración hacia el sur que se produce entre septiembre y octubre cada año. Había muchas y aunque el avistamiento desde la costa no es tan impresionante como desde un barco, hemos pasado un rato estupendo viéndolas moverse.

Cuando se ha hecho la hora de comer con la recomendación de la dueña de nuestra casa nos hemos ido al club de pescadores de Kiama donde tienen unas ostras buenas y baratas. El entorno, como toda la costa, es de rocas en los cabos y playas en los golfos.

Quería hacer también un comentario sobre los grandes y preciosos camiones que inundan las carreteras australianas. Son americanos y se ven por todas partes relucientes y, la mayoria de ellos, con dos trailers tirados por una cabeza tractora. Se mueven guiados por conexiones satelitales porque este continente adolece de mala cobertura en muchos lugares poco habitados.

Para ir a ver unas cascadas que hay en una cadena montañosa cercana a la costa hay que desplazarse veinte kilómetros y localizar un sendero que nos lleva a ellas. Nos ha costado pero mis compañeros son tan machacas como yo y lo hemos conseguido. El sendero era ya en sí mismo un espectáculo. Mirad qué árboles y que rutas junto al agua de un riachuelo. Se puede subir por otro sendero arriba del todo pero con mejor calzado, menos años y una buena preparación.

Por último hemos ido a la playa de los surfistas muy cerca de casa donde ayer tenía dudas sobre si pasar en ella todo el día. Mirad que césped, que árboles y qué playa más encantadores. Merecen un buen rato de puro relax.

Como cierre de esta entrada os muestro las enormes plantas que tenemos delante de casa, un plantón de margaritas que abundaban en el Cabo Bombo, y esa otra cosa que en realidad no sé lo que es, si una raíz aérea, una liana, o una rama deforme. Caía de uno de los grandes árboles del sendero hacia las cascadas. Le he mandado un WhatsApp a mi amigo Benlloch para que me lo cuente pues es un biólogo experimentado y sabio. 


Mañana a las 7 de la mañana, diez de la noche de hoy en Albacete nos vamos a Sydney a terminar la parte australiana del viaje. Como no puedo bucear por el problema de oído que tengo no me duele no ver la Barrera de Coral, pero sí que me quedo con las ganas de ir al centro del continente en tren y ver gente aborigen que al parecer es más frecuente en esa parte. Una pena. Buenas tardes amigos. 

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