No he visto un lugar tan compacto geográfica, cultural y sociológicamente.
No es que tenga cosas atractivas, es que la atracción es la isla!.
De verdad que estoy impactado. Es una selva a medias domesticada por el hombre que ha trazado carreteras sinuosas y con muchos desniveles y bastante estrechas por donde circulan balineses y turistas a todas horas mezclados con una gran variedad de artículos artesanales, y donde cada casa intenta imitar arquitectónicamente los adornos de palacios y templos que son muy originales y no se repiten en otras islas.
Además su música, sus danzas, sus fiestas y su propia religión, hinduista en un país musulmán, tienen peculiaridades que solo se dan en Bali.
En esta isla además la vegetación más exuberante que he visto nunca se come la arquitectura. En las paredes de casas y monumentos han prendido las plantas, y si no hay una planta, la superficie está forrada de musgo y verde sobre el negro de la roca volcánica.
A quien le guste viajar y ver cosas originales de verdad, que ponga Bali en su agenda para antes de irse al otro barrio. Jejejeje.
Voy a empezar por el hotel donde me hospedo adonde solo se puede llegar en moto porque las carreteras no dan de sí para que entre un coche. Como veis, la vegetación acosa las instalaciones, eso sí, con muchas escaleras.
La primera visita al Palacio Real de la isla. Un recinto más bien pequeño para el nombre que soporta, pero con unas características en lo que se refiere a los adornos en puertas y paredes muy originales. Por todas partes hay ese tipo de monstruos que se ven en los templos hinduistas todos con sayones de tela como los que usan los nativos para vestir.
También las plantas contribuyen a dar al recinto un carácter especial. La chica de espaldas está recibiendo lecciones del maestro de como tocar el xilófono. La música de percusión metálica es otra peculiaridad muy arraigada en Bali.
Los tejados es lo único que cuadra con los que venimos viendo en todo el sudeste Asiático.
Mirad la salud y colorido de esas plantas. Pues así toda la isla. Como visten a los monstruos se visten ellos.
Me he entretenido como siempre en captar a la gente que se mueve por los lugares que visito. Ahí los tenéis. Aunque hay mucho turismo occidental; he visto españoles en varios sitios, hay mucho rasgo oriental también entre los visitantes.
La siguiente sorpresa la ha supuesto llegar a los arrozales dispuestos en diminutas terrazas. Una de las cosas que ha premiado la UNESCO para considerarlos patrimonio de la humanidad es el sistema cooperativo de reparto del agua que pactan y dirigen los propietarios de las tierras con una distribución de la misma muy equilibrada.
En la entrada han instalado un parque de atracciones muy loco, con gente volando en tirolinas o bicicletas o columpiándose en el vacío mientras otros desde un privilegiado mirador se toman sus refrescos de frutas.
Al llegar y ver el esfuerzo que me iba a costar bajar allí abajo para disfrutar del valle por escaleras muy irregulares y rampas o senderos estrechos y sin barandillas, me han temblado un poco las piernas, pero despacito y a mí chano chano lo he conseguido. Mi camisa al llegar al coche parecía que me hubiera caído en uno de los bancales llenos de agua.
Son todos muy pequeños y cada uno tiene su chorrillo de agua que cae por una barra hueca de bambú y termina en un riachuelo habiendo cumplido su función. Así llevan funcionando siglos.
Tercera parada. Un templo muy peculiar. Nos obligan a todos, hombres y mujeres a uniformarnos con un sayón y se mantiene la estética del palacio real en las paredes y las figuras monstruosas por doquier.
La gente que quiere, turistas y fieles, se purifica en el agua de esa piscina que se renueva constantemente con esos grandes chorros adonde la gente se acerca con devoción unos y curiosidad otros. Yo como me siento puro, no he tenido necesidad. Jejejeje.
En otro recinto cubierto pero sin paredes había un montón de mujeres, unas tejiendo con hojas alargadas no sé de qué unas cajitas cuadradas en las que los fieles presentan sus ofrendas a sus dioses, y otras parece que haciendo pita o algo muy parecido. También las había amasando harina, y friendo y horneando masa no sé con qué finalidad.
Después han tocado fagina y me he ido a comer. Lo he hecho en este restaurante con vistas a otros arrozales, estos en terrenos planos, pero con unos apartados para los comensales muy atractivos. Yo como no flexiono mucho las rodillas me he sentado en una mesa normal. La comida en Bali es bastante aceptable y no lleva mucha especia.
Y por último hemos ido a ver unas cataratas. Estás son las más feíllas porque las bonitas como los arrozales, requerían un esfuerzo que ya mi cuerpo no hubiera soportado. De todas formas éstas, también con unas cuantas escaleras me han gustado. Entrar en esos senderos tan verdes y frondosos es una gozada, y si rezuman agua por todas partes, para qué os voy a contar.
Había una zona de bambú bastante más grueso que mi brazo. Mucha gente incluso se bañaba en la zona más inundada.
De vuelta para casa me he encontrado con una ceremonia por las calles que se realiza una vez al año en cada barrio con muchos participantes ataviados de blanco y naranja y con músicos con la que dicen que se purifican las calles y las casas. La gente iba súper alegre y los he acompañado un rato.
Mañana creo que vamos a ver si hay más suerte que en Java con los volcanes. Ya os contaré que es tarde y me voy a dormir. Buenas tardes.
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