lunes, 3 de noviembre de 2025

Vancouver (Canadá). Un otoño muy llevadero.

     Tenía yo mis reservas respecto a la ruta por Canadá por miedo al frío y me costó arrancar. De hecho hoy pensaba estar todo el día por el hotel buscando una mejor aclimatación, pero como me viene ocurriendo con cierta frecuencia, la realidad mejora todas las previsiones y he pasado un día suave de otoño super agradable.

    Me encuentro instalado en una orilla del centro de la ciudad (lo que aquí llaman downtown). El primer objetivo por proximidad era el barrio antiguo (Yaletown) y de camino veo algún bonito mural y algunos edificios menos altos de lo que me esperaba. No son en general tan acristalados como en Sydney y Melbourne, y sus colores son grisáceos y tostados. Hasta los blancos parecen desteñidos. Aquí ya me advierte Chris que la gente es bastante reservada y que le cuesta conectar. Todo lo contrario que en mi último destino. Las construcciones también lo reflejan. La foto de arriba a la derecha indica que hemos llegado a la zona que buscaba.


Las calles Mainland y Hamilton son las bisagras del barrio (como en el centro de Albacete Mayor y Concepción). Son todo almacenes portuarios reconvertidos en tiendas y negocios (bares, cafeterías, varias peluquerías y manicuras, dentista, algún comercio,...). Adornos de fantasmas aún, rescoldo de Halloween. Esa tienda de ropa anuncia con originalidad sus vaqueros. Algún banco decorado recuerda a un artista del lugar.

El otoño se manifiesta con su asombrosa paleta de colores mientras los camiones de reposición y servicios (todos de porte muy americano) hacen su trabajo.


En seguida me acerco a la ría que forma el mar penetrando hasta Vancouver. Su nombre Burrard Inlet. Es muy larga. Recuerda a las gallegas y tiene un paseo alrededor muy arreglado con zona para bicis y peatones y muchas zonas para sentarse donde había mucho corredor, ciclistas, personas paseando a sus perros y algún que otro monumento en los entrantes. En el interior de ese circulo pone: "la luna, la tierra y el océano responden con el ritmo de las mareas". 

He estado incluso tomando un sol tenue pero muy agradable mientras iba compartiendo todas estas fotos. Varios puentes cruzan el agua de lado a lado. La escultura de la foto del centro izquierda se llama el pincel iluminado y es de suponer que de noche será cuando más sorprenda.

En esta zona se empiezan a ver edificios más altos y estilizados. La recogida de hojas se antoja imposible. Pequeños botes-bañera surcan el agua de aquí para allá. Aquabus es la compañía y me cojo uno hacia Granville Island, siguiente parada en mi ruta. 

Ahí tenéis un par de los puentes desde Granville y enfrente el perfil de la ciudad que en esa zona si tiene torres más altas que luego veremos. 

Nada más dejar el bote me voy al mercado. Chris ya me había dicho que era una de las visitas incuestionables y tenía toda la razón. Multitud de comercios de primer nivel con especialidades innumerables y mucha gente degustando todo lo que ofrecían que era mucho y muy bueno. Juzgad vosotros mismos. La casi totalidad son puestos muy exclusivos.

Pescados, postres, carnes, almejas, embutidos, fruta, setas, pan, chocolate, ... Uff!!. Qué peligro. Y yo necesitado de comer cosas normales, sin tanta especia ni picante. He disfrutado con la vista primero y luego he hecho la compra. Parte ya he dado cuenta y parte la tengo a bien recaudo. 

Y café, y frutos secos, y mermeladas,... No faltaba de nada.

Es sin lugar a dudas el mejor mercado de alimentación que he visto en el viaje. Del tipo de la Boquería de las Ramblas de Barcelona. 

Madre mía que hartura. Todo me entraba por la vista. Solo faltaban bebidas que aquí no sé estilan al parecer. Todo a base de zumos, infusiones y leche. Si os fijáis en los carteles hay varios quesos manchegos y también lomo hispano. 

La isla no es muy grande. Al salir del mercado he oído a ese extraño músico haciendo country y me he acercado. Parece un Robocop lleno de cables. Con las manos tocaba esos extraños instrumentos musicales de cuerda. Sonaba genial y el repertorio era auténtico. Justo al lado había un enorme hangar con barcos dentro y fuera puestos en grandes soportes y operarios calafateándolos y sacando brillo a los bajos. El resto de talleres y naves están totalmente reconvertidos.

La mayoría en escuelas, galerías de arte y teatros. La cultura es lo que sin duda diferencia a las grandes naciones y aquí lo tienen muy claro. Buena parte de los centros se dedican a la enseñanza a los jóvenes (danza, diseño,...). Ahí vemos también alguna edificación original. 

En seguida, a las cuatro de la tarde ya el día da sus últimos coletazos y los paisajes y coloridos con los últimos rayos de sol pegando en los árboles son si cabe más bellos.

Me cruzo con una gran grúa y una boya de gran tamaño y en una orilla de la isla me topo con sorpresa con un pequeño barrio de casas flotantes que parecen art deco muy hermosas.

Están en dos filas y amarradas a tierra y me han encantado. Son ese tipo de gratas sorpresas que te encuentras de vez en cuando pateando las ciudades. No quería que se me hiciera de noche porque además no hay mucha gente en las calles así es que al barco de nuevo y para casa. Al bajar al oeste acaba de ponerse el sol y al este la luna ya está alumbrando. 

Vuelvo al hotel por la zona de los rascacielos (pocos), alguno de ellos atrevido. Aún queda algo de luz para apreciar el rojo otoñal. Las tuberías gruesas echando vapor recuerdan a muchas imágenes peliculeras de Nueva York. Aquí como en Hawaii también hay mucho buen coche. Mirad que pedazo de 4x4 había aparcado en la puerta de mi hotel. 

Mañana quiero ir a Stanley Park. No sé si dará para más el día porque el parque es muy grande. Hay varias cosas más que ver. Ya os contaré cómo evoluciona la cosa. Por lo pronto el de hoy no ha podido terminar mejor; sentado en la entrada del hotel con una chimenea que calienta lo suyo y oyendo música pop de un hilo musical mientras hago la entrada del blog. 
Otro gran día para el recuerdo. Parece que mañana también va a hacer bueno, incluso un poco mejor que hoy. Intentaré aprovecharlo porque el miércoles se anuncian lluvias consistentes. Buenos días España!!. Buenas noches!!. 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Hoy viaje de Honolulu a Vancouver.

     Por lo pronto ya me han avisado que saldrá con una hora de retraso, así es que será a las 15 horas de Hawaii. La llegada a las 23 de Canadá que son dos horas más. Unas 6 de viaje. 

    Como no tendré tiempo de hacer la entrada entre traslado al hotel e instalación allí, pongo esta nota. 

    Lo más destacable es el cambio de primavera a invierno de una. Hoy en Vancouver 8° de máxima y 3° de mínima. Aún no aprieta mucho. 

   Mañana será un día para aclimatarme y poco más. Como los buzos, poco a poco.

    Estaré tres semanas. Primero viaje a Calgary en tren con tres paradas en ciudades pequeñas que calculo de 2 o 3 noches. Luego de Calgary a Victoria que tiene muy buena pinta y de allí ya he sacado un ferry (me obligan a enseñar el billete de salida del país antes de entrar) el 22/11 a Seattle en EEUU que también tiene muy buena pinta.

    De allí era el primer americano con el que jugué en Valladolid, Gregory David Sten. Un tipo estupendo y gran jugador. Lamentablemente según he visto en internet al buscarlo falleció hace tiempo.

    El viaje por EEUU ya se va conformando en mi cabeza pero es pronto para confirmarlo. Lo normal es que baje por la costa a San Francisco, luego viaje si es posible en tren parando en Denver hasta Chicago, y de allí, recorrido musical hasta Nueva Orleans para terminar volviendo a Los Ángeles donde pasaré una semana con mi hijo Miguel. 

    El plan me encanta. A ver cómo se da la ejecución.

     La isla de O'ahu en Hawaii me ha gustado mucho. La he visto tal y como la esperaba según nos la vende el cine americano. 

    Adiós Hawaii!!...y pronto Buenas noches Canadá!!. 

    Buenas noches España!!. Buenos días desde Honolulu!!.

    Vaya lío!!. Jejejeje...








Chao, Adiós, Bay Bay...!!


Honolulu, muy parecido a lo que nos han vendido.

     En el blog es imposible reflejar todo lo que estoy viviendo, aunque trato de hacerlo  con empeño. En Hawaii por ejemplo he visto cantidad de coches impresionantes; no tantas motos pero bastantes tipo Harley Davison. Hay también mucha mezcla de culturas aunque predominen los asiáticos. También muchas parejas birraciales. Algún que otro predicador vendiendo el Edén con un micro en la calle al que solo escuchan sus pocos amigos. Se conduce muy despacio incluso en carretera (los carteles de 25 y 35 millas por horas son muy frecuentes). Se consumen unos helados que a mí que soy tragón me parecen exageradamente grandes. Hay por tanto más gente gruesa de lo común. Hay mucho artista ambulante, incluso discapacitados. Un hombre mayor en silla de ruedas con una mesa de sonido cantaba distorsionando su voz. Un paralítico cerebral con un lápiz táctil sujeto en la cabeza poniendo música con una tablet para quien pasara. Dibujantes de caricaturas. Camisas hawaianas a mansalva. Las llevan todos los dependientes de cualquier comercio y gran mayoría de los clientes y son muy atractivas. El tejido de las que he visto baratas es regular y por eso no he caído. En fin, podría seguir pero sería muy largo.

    Está mañana me he levantado regular, entre el constipado que no termina de irse, el cansancio acumulado, la conducción de ayer que siempre me crea algo de inquietud, los aires acondicionados,... He ido a devolver el coche y no podía con mi alma. Me he venido al hotel, me he tomado un Paracetamol, he descansado un par de horas y a partir de ahí me he encontrado mejor, así es que he decidido a ir a Pearl Harbour que era lo programado y que a primera hora estuvo en vilo.

    Lo que hay en Pearl Harbour en realidad son cuatro museos/memoriales dedicados a la II Guerra Mundial situados dentro de una gran Base Militar, con lo cual, aunque no nos han chequeado demasiado, había que desenvolverse con silencio y mucho respeto y así lo hacíamos todo el mundo. 

    Tres de las actividades se desarrollan en Ford Island, una isla dentro de la bahía a la que se accede en barco o en autobús por un puente hecho a medida.

    El primer sitio es el USS Arizona Memorial. Construido encima del barco del mismo nombre hundido por los japoneses y que metió a los americanos en la guerra.


Solo se puede acceder en barco porque como digo debajo del monumento está el barco tal cual quedó, y por tanto separado de la isla. Es un lugar de mucho recogimiento. Al fondo, por una de las ventanas en la foto central se ve el acorazado Missouri, otro de los puntos de interés que luego comentaré.

    En la primera foto que con interés estudiaba una niña están los planos del Arizona hundido y la franja blanca es el monumento tal y como está colocado justo encima. En las dos siguientes fotos se entrevé el pecio del barco bajo el agua por un lado y por el otro asoman dos chimeneas del mismo. Las otras dos fotos son de la pared de una pequeña capilla con los nombres de todos los que fallecieron dentro el 7 de diciembre de 1.941. En la última foto, una perspectiva del memorial y del acorazado Missouri

Desde la bahía un marinero observa junto al ancla rescatada del Arizona la imagen al fondo última de la composición anterior. Me parece muy conseguido el gesto de la cara y los ojos pensativos del marine.

En tierra ese arco da la entrada a las oficinas y a otro de los museos. El Submarino Bowfin se puede visitar en todas sus partes externas e interiores. Fue botado al año siguiente de los sucesos de Pearl Harbour y tuvo una gran eficacia en la guerra. También está expuesto un misil balístico, el Regulus 1, un arma ya obsoleta pero que en la guerra era muy intimidatoria por su capacidad destructora y alcance. Los submarinos que lo disparaban tenían que salir a la superficie y montarlo para disparar, lo que los hacía vulnerables. Posteriormente el armamento tiene mucho mayor alcance y los lanzan sin tener que salir a superficie. No lo visité. No quería pasar estrecheces. 

Posteriormente en un bus-lanzadera nos han llevado a ver el Missouri, el acorazado donde los japoneses firmaron la rendición, acto que produjo el fin de la guerra, con lo que en la misma bahía se cierra el ciclo. También el barco se puede visitar entero pero se precisaban un par de horas que yo no tenía. Mi ilusión era ver el Museo de la Aviación donde entre otras cosas me acuerdo mucho de mi padre.

Eso y el memorial han sido los platos fuertes para mí. Nos reciben con fotos y carteles inmediatamente anteriores a la guerra y del día del ataque japonés, e inmediatamente empezamos a ver aviones de época situados en un par de hangares y en las pistas de la base. Aunque durante mucho tiempo me dio miedo volar, siempre me han encantado los aviones. Mi padre me los inyectó en vena.

Los hay de muchos tipos. Hay también un simulador de combate en el que había cuando he llegado un niño de unos 13 o 14 años metido que no sé cómo no ha salido mareado de las vueltas que daba. En una pantalla exterior veíamos lo que supuestamente ve el piloto en esos casos. Los aviones como veis, preciosos.

Les he dado más de una vuelta. Ahí no me importaba perder el tiempo. Biplanos, ametralladoras, helicópteros, ... Todo un arsenal.

También te podías asomar a las cabinas y al interior de un gran helicóptero de transporte de marines. Impresiona bastante pensar las historias que se habrán vivido en esos aparatos.

Como veis, algunos de los aviones expuestos tienen unas siluetas muy estilizadas. No me he parado a leer los letreros que informan de las características. Es posible que algunos sean ya posteriores. El azul es de la patrulla de los Ángeles Azules y estaba aparcado junto a la torre de control. 

Algunos de los aparatos son plegables también para poderlos amontonar en los portaaviones. Al final entre el Paracetamol y el chute de los aviones he terminado bien el día. Al llegar al hotel otra media siesta y andando.

Mañana viaje a Vancouver (Canadá), de la primavera al invierno de sopetón. Me preocupa por este cuerpo viejo que cada vez tolera con más dificultad los cambios bruscos, pero voy con la ilusión de visitar uno de los países nuevamente más dotados en cuanto a naturaleza se refiere. Espero ver algún glaciar y montañas potentes. Ya os contaré, aunque el primer día lo que tengo planificado es simplemente descansar y aclimatarme. Incluso comprar algo de ropa técnica de abrigo. Un abrazo, y buenos días. Buenas noches. 

sábado, 1 de noviembre de 2025

O'ahu, agua azul, piedra negra, arena blanca y campo verde.

     Todos esos colores en mil matices y otros muchos según las horas del día y los lugares que se visitan alegran la vista del viajero por esta isla y es de suponer que por todo Hawaii. 

    Hay varias zonas que visitar y la isla es como tres cuartos de Tenerife así es que estaba complicado. He optado por alquilar un coche para no estar sujeto a horarios pero no va a ser suficiente. El primer día he visitado algunos miradores y playas, quería ir también al Centro Cultural Polinesio que me había recomendado mi amigo Pedro y si daba tiempo ver las playas del norte que son las más abruptas y surferas. Esto último de noche y sin luna no lo he podido ver. Ea!!. El tiempo es el que es.

    Este es el coche. No tenían coches pequeños así es que no me quejaré porque he disfrutado la conducción. Muchos vehículos van con sus tablas listas. También las canoas tienen mucha cancha.


   Desde el primer mirador además de esa preciosidad de playa, como veréis todas sin agobios, se ven los alrededores de Honolulu, un valle y un par de laderas llenas de chalets orientados al océano.  Son 350.000 habitantes en la ciudad y un millón en el condado. La renta media dice Chris que es de 85.000 dólares al año. No está nada mal.

Por la orientación, la ortografía, las barreras naturales y artificiales y por la propia naturaleza de la isla se alternan lugares super tranquilos de aguas sosegadas con zonas de baño muy peligrosas por la violencia del océano. Esta que os muestro es del primer grupo.

Hay también muchos rompeolas donde la tierra volcánica ha llegado al mar y son muy espectaculares y con formas caprichosas debido a la erosión. Los miradores suelen estar en alto pero hay gente joven que baja y se acerca al agua. Una paloma observa atentamente.

Estas cuatro tomas son de la misma playita que se ha formado entre dos entrantes rocosos. Cinco personas contadas había. Que gozada pensar que aún en sitios muy turísticos quedan cosas así. 

En esta el mar estaba bravo. No sé si la bandera es amarilla o roja. A mí me parece naranja. Fijaros donde rompe la ultima ola. Debe de haber un escalón nada desdeñable. Al fondo parece que había más bañistas. Puede que esté más resguardado. Es todo muy cambiante.

Este es otro mirador con otra magnífica playa y una isla enfrente. Hay muchas y le dan variedad al paisaje. Me gusta cuando ocurre.

Debe de estar legislado porque no hay ni un chiringuito ni bares donde comer por ningún lado. Me ha chocado mucho. Mi comida ha sido una piña que me han cortado en un carromato en la carretera, dos plátanos y dos refrescos también de frutas; eso sí, con los pies como veis a un palmo del mar en una estrecha playa con un niño pescando, una niña jugando con la arena y un pescador abriendo un atún. Lugar idílico y emplazamiento inmejorable.

La carretera tiene a la derecha el océano y a la izquierda esos montes de piedra en buena parte cubiertos de verde; y a los lados grandes árboles, muchos de ellos milenarios. El prado es un cementerio americano. La bandera y cuatro flores sin cruces ni nada lo componen y una edificación que no he podido captar.

Algunos remansos son para sentarte con un libro o una guitarra quien sepa tocarla y dejar pasar el día. 

Este es el tipo de vibienda que impera. Todas iguales, todas distintas. Hay zonas en las que está señalizado el peligro en caso de sunami y se ven bastantes casas con la primera planta sin paredes cobijando el coche y la canoa, tablas de surf o barca.

A las tres y media he llegado al Centro Cultural Polinesio y me he apuntado a una cena-baile que empezaba a las cinco, así es que el parque en sí lo he visto a uña de caballo, pero bueno, me ha gustado mucho. Era para haberle echado el día entero. Me pasa en demasiados sitios pero este viaje es así. Ahí veis algunas pequeñas cascadas, actividades para los visitantes y muestras de la etnografía de las islas.

Había artesanía y música en un entorno arbolado y de construcciones todas de madera y paja muy cuidadas y en perfecto estado. Lagos y puentes y todos los archipiélagos representados cada uno en una zona del parque.

Aquí tengo que hacer un inciso porque yo no tenía claro lo que es la Polinesia y me he tenido que informar. La forman todos los archipiélagos dentro del triángulo entre Nueva Zelanda, Hawaii y la Isla de Pascua. Aunque cada uno pertenece a países distintos, tienen en común muchas cosas (raíces lingüísticas, morfología, riqueza cultural,...). Son varios los grupos de islas dentro del triángulo. Los más famosos, Samoa, las Islas Fidji y la Polinesia Francesa. También hay algún grupo fuera del mencionado triángulo pero son menos conocidos. Ahi tenéis varias construcciones, esos tam tam preparados para una actividad musical y los "Moái" de Pascua. El fuego también es un elemento muy ligado a esas culturas. 

El paseo aunque intenso ha sido muy variado. Ahí veis a varios grupos de turistas entretenidos unos haciendo pita, otros girando unas bolas de madera hueca con cuerdas, y otros recibiendo información de una de las operarias del parque. Son todos encantadores y con una sonrisa radiante. También veis alguna construcción, una larguísima canoa y otros elementos que me he encontrado.

Por el lago pasaban turistas en canoa remando dirigidos por un Polinesio. Eso sí me hubiera gustado hacerlo pero se hacía la hora de la cena que aquí son las 4,30 o 5 de la tarde.

A las 4 empezaba un espectáculo en la zona de las Islas Fidji que me he quedado a ver. Relataba costumbres de pedidas de mano, relaciones con sus dioses y otras historias. Los bailes eran muy atractivos y enérgicos. En el estado he colgado varios vídeos.

Han sido veinte minutos muy intensos. Al acabar me ha chocado la presentación de los bailarines, todos con sus carreras (psicólogos, informáticos,etc.). Vaya pintas tiene el jefe. 

Los bailes de la cena han sido sin embargo muy flojillos, muy lentos y sosos. Me han colocado el collar de flores al entrar y la gente se hacía fotos con los artistas. Yo no, por temor al sacacuartos. Jejejeje. La música en vivo también normalita. Voces empastadas y un instrumento de cuerda de esos que se pone en una mesa y se toca moviendo una barra metálica sobre las cuerdas con un sonido muy característico. Mejorable.

La gracia y dulzura de alguna de las bailarinas ha salvado el evento. No me he quedado al show final (que había que pagar) por intentar llegar a las playas del norte pero eran ya las 6,15 de la tarde y no había luna así es que aunque he ido para luego volver por otra carretera por en medio de la isla, no he visto nada. Era una noche muy cerrada.

Mañana quiero ir a Pearl Harbour pero ya sin coche. Con un UBER a ver los recuerdos del bombardeo japonés y de la segunda guerra y un museo de la aviación que es lo que más me atrae. Si me sobra tiempo volveré a la playa de Waikiki y pasado mañana rumbo al pleno invierno canadiense. Miedo le tengo al frío. 
Buenas noches!!. Buenos días!!. 

Las cosas son como son y no como queremos que sean y este viaje ha llegado hasta donde tenía que llegar.

     Salí de Albacete con la idea de llegar a Estambul y allí según me encontrara decidir si seguía o me volvía. El viaje no ha podido ser m...