Nunca olvidaré la subida al volcán Ilamatepec con Zulma y Juan José. Vine a ver ciudades y El Salvador tiene lo más valioso en la naturaleza.
Fue una casualidad. Yo ya me había planteado quedarme hoy en el hotel porque la ciudad de Santa Ana tiene poco más que ofrecer. Me faltaba el mercado por ver pero he visto muchos. El caso es que haciendo la entrada al blog en un sofá frente a la recepción del Motel no recuerdo si por iniciativa suya o mía comentamos el recepcionista y yo los adornos que tienen en el patio-comedor. Él me comenta que "La Vencedora" es el bus que lleva a la gente de Santa Ana a las mejores zonas naturales de los alrededores (los volcanes Cerro Verde, el de Izalco y el de Ilamatepec -conocido también como el volcán de Santa Ana- y el lago Coatepeque). A mí se me enciende la bombilla y le digo: "Tú me puedes buscar a alguien que me lleve mañana a ver todo eso?". "Si", me contesta; se engancha al teléfono y me dice: "Cuando vaya sabiendo algo te digo". El caso es que me acosté sin saber como iba a estar el tema y me levanté temprano porque me apetecía mucho.

En el desayuno cerramos el trato y poco más tarde me presenta a Juan José. "Este va a ser tu chófer y en la entrada del volcán os espera un guía". Arrancamos y vuelvo a disfrutar de un país exuberante de naturaleza muy en bruto. Las carreteras no son malas y tanto en el margen como al fondo todo son verde y sierras. En la última foto de la siguiente composición se ve ya el Ilamatepec con una nubecilla encima. Nuestro primer destino.

El primer mirador en el que paramos es absolutamente espectacular. Debajo un grandísimo lago de origen volcánico. Es una caldera que lleva el nombre de Coatepeque que era un pueblo del lugar que se tragó el volcán. Está a 745 m sobre el nivel del mar; es muy profundo y a veces sus aguas cambian de color. Es muy rico en pescado. Le he preguntado al guarda del parking del volcán por la profundidad del lago y me ha dicho que en algunas partes no se ha llegado al fondo; que creen que está comunicado con el Pacífico del que dista 25 km. No sé si creerlo pero me parece alucinante. Enfrente, el de la nube es el Ilamatepec (activo) y detrás está el Cerro Verde, otro volcán apagado con el cráter colapsado y lleno de vegetación lo que le hace parecer un monte.

Cuando llegamos al parking del volcán de Santa Ana, miro para arriba y pienso:: "No llego ni de coña". La guía "Zulma" me dice que tenemos complicado llegar, que hemos llegado un poco tarde y que a la una hay que bajar, estemos donde estemos. Comenta que hay tres miradores en el camino y yo como hice con este viaje pienso en subir al primer mirador y allí decidir, así es que...
...nos vamos a esa pequeña valla de madera que es la puerta de acceso y para arriba. Son poco menos de las once. El sendero es equiparable a los mejores que he hecho en El Camino de Santiago. El primer mirador ahí lo tenéis, una torre de varias alturas rodeada de vegetación y sin vista alguna desde abajo. Por supuesto ni me planteo subir y les digo que sigamos.
El segundo mirador es abierto y aunque mira al lado contrario del lago, es precioso. Se ve el Monte Verde ya comentado y el volcán Izalco, el más joven de El Salvador, un cono perfecto que surgió en la falda del que estamos subiendo en el siglo XVIII. Sigue activo. Estuvo activo 200 años seguidos de forma que los marineros lo llamaban "El faro de Santa Ana". La decisión la tengo clara, intentar llegar arriba antes de la una y ya veremos la bajada. Las construcciones que se ven entre los dos volcanes me dice Zulma que es la zona hotelera más relevante del entorno. Menudo sitio!!... y yo en la city!!.

La suerte estaba echada y para más INRI el último kilómetro y medio ya el sendero es de piedra y sin protección forestal. Zulma y Juan José me miraban escépticos y yo, pasico a pasico, como cuando echábamos pies en el patio del colegio. Las vistas de nuevo mirando al lago. Por cierto nos hemos cruzado a numerosos guías y algo así como una centena de guiris como yo. Me dice Juan José que sobretodo los fines de semana en muchas partes es una fila continua. Aquí estaba el turismo que yo echaba de menos.
A la una menos unos minutos (pocos) estábamos arriba. Casi cuerpo a tierra por el increíble viento que hacía, alguna foto sin entretenernos en encuadrar porque nos tiraba el aire, un vistazo somero al impresionante cráter y para abajo.
Ya les dije a mis manos de apoyo (sin ellos dos habría sido imposible), que para las rodillas es peor bajar que subir y que las mias iban ya tocadas. Ellos, unas personas increíbles (como el 99,9% de la gente que me cruzo) apoyan el tema con una sonrisa de oreja a oreja. Ahí los tenéis nada más llegar al parking. Han sido tres horas y Zulma va repartiendo propinas porque la valla de entrada al recinto y el parking lo suelen cerrar a las 3 y son las 4.
Nos despedimos de nuestra guía local y nos vamos al lago Coatepeque que tiene una buena estructura restauradora y hotelera a comer. Bukele tiene una casa en la zona. Sólo me ha faltado encontrármelo comiendo en "La Octava Maravilla", que así se llama el restaurante metido en el lago en el que hemos comido. El lago es uno de los lugares más concurridos por los salvadoreños sobretodo en fines de semana y vacaciones.
Terminando de comer cae la tarde así es que, últimas fotos y para Santa Ana.
El Salvador definitivamente ha merecido la pena. Mañana vuelo a San José de Costa Rica por la tarde. Antes tengo que sacar un billete que demuestre cuando me iré de allí. Esto, con perdón, me jode un montón, pero así son las cosas. Creo que voy a buscar lo que en Turquía y Asia Central llamaban un Marshrutka y por aquí un Shuttle, minibus compartido que parece ser funcionan muy bien para turistas entre Costa Rica y Panamá. Seguiremos en contacto. Voy a la faena. Dulces sueños, corazones. Muack!!.
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