lunes, 26 de enero de 2026

Centroamérica me ha gustado mucho pero Cartagena de Indias es de otra liga.

     Y ayer a pesar del viaje con lo poco que vi desde el taxi sentí la necesidad de dar una vuelta. Hoy todo ha sido una confirmación de que Colombia y Cartagena como bastión de entrada son una excelente elección para ser conocidas. 

    Buena parte del impacto es la alegria con que te recibe la gente y la cercanía con que te acogen. Lo explicaré como lo hice con el pueblo estadounidense. La gente necesita al turista para tirar adelante y te comen por los pies. Pero es que muestran esa simpatía con mucha naturalidad. No es nada forzada. Son así.

    Lo primero esta mañana era buscar la forma de ir a Medellín en bus diurno para ver también el país y no solo las dos ciudades que voy a visitar. Lo segundo buscar una óptica donde me arreglaran las gafas averiadas. Ambas cosas pude resolverlas y como me fui cerca de la muralla para conseguir lo segundo he decidido salirme del casco histórico y husmear un poco por fuera.

    Las construcciones son muy cuadriculadas y de un estilo bastante homogéneo. Hay grandísimos árboles en las plazuelas y aceras bajo los que se protege la gente y la enormidad de vendedores ambulantes que tienen inundada la ciudad (nueva y vieja). Me ha hecho mucha gracia ese kiosco de refrescos con once medidas de vasos para que cada cual elija en función de sus necesidades y su economía. 


La plaza de Cervantes homenajea a nuestro más célebre escritor. Merece la pena leer esa losa con la que casi lo reivindican. Cerca hay una especie de feria del libro donde me han ofrecido varias ediciones distintas del Quijote. Yo he presumido de ser manchego. Dice el librero que en la escuela los niños lo leen obligatoriamente.

De las cosas que más abundan por las calles dentro y fuera de la muralla son carritos con frutas. Da gusto verlos. Yo a media mañana me he tomado lo que llaman un "maracumango". 
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Alrededor del Parque Centenario hay varias instituciones y monumentos. Destacan esos "pegasos" con su potrillo.

De vuelta adentro de la muralla un puesto de sombreros, también muy popular y esa maravillosa arquitectura colonial. También las galerías que comunican distintas calles y los patios interiores de las viviendas son preciosos, además de frescos. 

Lo que ayer confundí con la Plaza de Santo Domingo en realidad es la de Simón Bolívar, junto a la catedral. Su entorno merece la pena. En la placa de su estatua ecuestre dos de sus frases famosas. 

Esto son más imágenes de la misma plaza y su contenido. Las efigies junto al cañón son dos paisanos disfrazados y pasando penurias por el calor. Los colombianos presumen de la belleza de sus mujeres acreditada en múltiples certámenes internacionales. Bajo un soportal de la plaza están todas sus mises incluidas varias Miss Universo. Ya me gustó mucho la mujer Centroamérica. Me recordaban a las pinturas de Julio Romero de Torres solo que con las caras más redonditas. Preciosas. Las colombianas un poquito más tostadas no tienen nada que envidiarles. El edificio rojo es el Museo del Oro. La primera foto es del Palacio de la Inquisición. 

Tras varias bocacalles en las que me dejo fotografiar por unas mulatas que me sacan unos cuantos pesos llegamos a la Plaza de Santo Domingo, ahora sí, en la que hay una escultura de Botero muy famosa. Todo el mundo se fotografía tocándole las tetas o el culo. 

Esta es la iglesia de Santo Domingo una preciosidad construida con mucha piedra. 

En su interior están los doce apóstoles en grandes imágenes de piedra labrada que la hacen muy atractiva.

Desde allí me acerco a ver el claustro de la Merced donde me cuenta mi amiga Mabel que está enterrado Gabriel García Márquez. De camino retrato estas balconadas llenas de flores y emparrados. 

Esto son más edificios que me llaman la atención. Hay alguna ruina o fachadas estropeadas pero son minoría y hay muchas tapadas porque las están rehabilitando.

Este es el claustro de la Merced, la tumba de Gabriel y parte de su obra a la venta en una pequeña librería interior con varios escritores españoles e hispanos importantes. 

Y esto parte de un lateral del claustro y una pequeña habitación en la que se le homenajea.

De allí me acerco al baluarte (son bastiones en las esquinas de la muralla) de Santa Teresa para ir controlando el paseo del atardecer. Al fondo se ve la ciudad moderna que no sé aún si visitaré mañana. Quiero ir antes a la iglesia y casa donde vivió y murió San Pedro Claver que hoy estaba cerrada por una boda, al museo de Arte Moderno y al Castillo de San Felipe de Barajas en el que peleó el español Blas de Lezo en batalla desigual que ganó a los ingleses. 

En la primera foto la casa e iglesia de San Pedro Claver. El edificio de las columnas es el Ayuntamiento en la Plaza de la Aduana. 

Antes de volver a la muralla para cerrar la tarde me acerco al Muelle de la Bodeguita en el que locales y turistas se aplican para coger plaza en uno de los barcos que ofrecen un paseo marítimo de dos horas al atardecer. Hay mucha concurrencia.

Ya de vuelta en la muralla me cojo una mesa y una cerveza y contemplo al alimón a la gente y el ocaso que empieza a tomar color. 

Los asistentes se dedican a obtener las mejores instantáneas del horizonte caribeño. Cerca de la bandera Colombiana ondea también la de Cartagena. 

El día ha sido largo y he empapado dos camisas pero disfrutar esta increíble ciudad es un privilegio. Mañana buscaré más rincones. Estos dos días he terminado la entrada del blog desde este balcón abierto a la plaza de José Fernández Madrid, un líder de la Independencia de Colombia, en la que hay mucha actividad artistico-musical. En el balcón abierto hay un par de mecedoras y corre la brisita. Una pasada.

Buenas noches corazones. Aquí te tratan así, sobretodo las mujeres. Jejeje. Felices sueños. Hasta mañana.

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