lunes, 1 de diciembre de 2025

Yosemite puso a prueba mis capacidades físicas.

     Que como todo el mundo sabe son bastante limitadas. El último tramo para llegar a la catarata tenía mucha piedra de río para mí y a los 20 metros me di la vuelta. E igualmente bajar tres kilómetros andando por una cuesta no menor que luego había que subir para ver las grandes secuoyas con hora y media de tiempo para hacerlo me hizo renunciar tras algo así como un kilómetro de bajada. "Inteligente decisión me dijo el guía al subir". Algo es algo. Jejeje.

    El valle de Yosemite se encuentra a unos dos mil metros de altura sobre el nivel del mar y las cumbres que ahora veremos suben algo más de otros mil metros desde el valle. Alguna de ellas en vertical. La amplitud del mismo es grandiosa. Brian, el guía, me ha contado que con 18 años, un amigo y un Volkswagen se hizo 13.000 millas por más de cuarenta estados de la Unión visitando todos los parques nacionales, y que su favorito era este. Es por lo que lleva tres meses trabajando como guía. Eso nos puede dar una idea de lo que he visto, porque las fotos seguro que no hacen justicia. 

    En ese camión tipo escolar que veis ahí abajo hemos hecho más de 600 km hoy para ir, volver y visitar el valle. En uno de los parking me he encontrado ese Tesla que debe ser totalmente eléctrico por el panel que lleva en el techo pero que a mí estéticamente me parece horrible.


El primer contacto con el valle ha sido desde el autobús. Algo así como la lectura del guión porque hemos ido hasta el fondo del mismo de un tirón para luego ir parando a la vuelta y hacer más corto el recorrido de regreso por la tarde.

En el primer mirador al fondo del valle había mucha gente, una maqueta del mismo y mucha montaña y mucho árbol alrededor en una mañana espléndida. El tiempo en general está acompañando mucho. Los del tour al hacer la reserva me dijeron que me abrigará bien y lo he hecho pero hemos tenido sol todo el día y eso en una mañana de invierno ayuda mucho.

Después del mirador, derechos a la cascada. En alguna de estas fotos se ve que tiene varios saltos. Luego cuando te acercas solo ves el último, pero la altura total de caída libre es de 740 metros nada menos.

Esa ha sido mi primera prueba. Después de un magnífico paseo hasta llegar al río se puede subir al pié de la cascada pero por un pedregal de grandes cantos rodados y algunas piedras de gran tamaño a lo que en seguida he renunciado. En las fotos se ve a la gente por allí cerca. Hay senderos para subir arriba del todo también. Para buenos caminantes y escaladores Yosemite es un auténtico paraíso. Una de las jóvenes de mi grupo al otro lado de la cascada ha visto un oso, lo ha grabado y nos lo ha estado enseñando. Que suerte.

A la siguiente roca de granito que hemos ido a visitar, para mí lo más impresionante del parque por lo vertical de sus paredes, altura y dimensiones la llaman "el Capitán". Parece que la han colocado en un lugar para que destaque porque llama mucho la atención. 

Aquí tenéis algún detalle de la pared que da al lado desde donde mirábamos. Ampliad la foto de en medio a la izquierda y la última. Veréis como una tirita amarilla. Es de una gente que a más de 800 metros de altura sobre el valle y casi tres mil sobre el nivel del mar está haciendo vivac. Ahí lo dejo. 

Esto son parte de los senderos sencillos que hacemos los guiris tomando el solecito, despacio y entre árboles gigantes. Una auténtica gozada.

Los de arriba son Brian el guía y un par de negritas muy simpáticas de Fidji (madre e hija) que he conocido en la excursión. No sé quién lea esto pero yo he tenido que preguntarle a Chris donde exactamente situar a esas islas en el Pacífico (las atlánticas me las se), y si conforman un país independiente o pertenecen a otro grande de los que tienen más cerca. Están entre Hawaii y Australia, son unas 300 islas 100 habitadas y un pequeño país independiente que merece una visita. La gente de abajo estaba mirando la pared del Capitán observando a los alpinistas, y alguno con grandes teleobjetivos sacándoles fotos. 

Cuando más abajo las aguas del río se remansan, los espejos que de forman de las montañas y arboledas son una pasada.

Por último ha llegado mi segundo test. Brian me ha explicado la ruta, ya me ha anticipo que no creía que la pudiera hacer y yo con todo el ánimo del mundo y la ilusión de ver las grandes secuoyas, algunas horadadas con unos pasadizos por los que cabe un gran coche, he tirado para abajo a todo lo que daba que no es mucho. Cuando llevaba algo menos de un kilómetro, la cuesta era cada vez más pendiente y luego tenía que subirla..., en fin que os voy a contar, arrancada de caballo y frenazo de burro. Con el rabo entre las piernas Miguel se ha dado media vuelta y ha subido la cuesta sin ver a los más gigantes con el fin de estar arriba a mi hora. Además los árboles que me rodean, también gigantes, la mayoría eran de otras especias también gigantes. Los dos de la última foto si son secuoyas. Así como más redonditos de arriba, pero esas son muy  jóvenes. La luna flotando ya en el cielo no deja de ser nuestro espectáculo diario. 

En la parte de arriba del sendero que baja a los grandes gigantes hay nieve helada a rodales. La verdad es que el bosque impresiona. Cuando me he dado la vuelta durante un buen rato he estado solo. Me acordaba de la chica y el oso de esta mañana. Por un lado me hacía mucha ilusión ver uno. Por otro, obviamente estaba acojonado. Ha sido un momento intenso de la tarde.

Antes justo de empezar el sendero hay una sección de secuoya de tamaño mediano según el guía con letreros que dicen el grosor que tendría en un año concreto y lo relacionan con una construcción famosa que se hizo en la fecha en la que la secuoya alcanzaría ese grosor. Se trataría de un árbol que ahora tendría 2000 años. Los letreros dicen:
Año 70. Construcción del Coliseo Romano.
Año 532. Construcción de Santa Sofía en Estambul.
Año 700. Templos Mayas en Guatemala.
Año 1113. Templo de Angkor Wat en Camboya.
Año 1468. La Gran Muralla China
Año 1650. El Taj Mahal de Agra en India
Año 1937. El Puente de la Bahía de San Francisco.
Pero es que las hay del tamaño del círculo de piedras que rodea a la sección que acabamos de analizar. Las más grandes de estima que tienen 3.000 años.

Ya de vuelta el sol nos mandaba sus últimos rayos. El regreso se ha hecho pesado pero el día ha merecido mucho la pena.

La entrada en San Francisco por otro puente más largo que el Golden Gate pero menos espectacular no tiene desperdicio. 

Mañana el objetivo es ver bien el puente y pasear por un par de pulmones de San Francisco, y si me entero de alguna actuación que merezca la pena, también me lo plantearé. Que paséis un buen día, amigos. Yo me voy a dormir.

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