Después de desayunar frente al hotel me he cogido un Uber para no andar que me ha llevado al Museo Real de la Columbia Británica. Es un museo que abarca muchas cosas y eso siempre es complicado pero venía con la vitola de ser uno de los mejores de Canadá y me apetecía. Mezcla en un afán de contar la historia de la provincia algo de prehistoria, vida animal, la música y las protestas callejeras para mover conciencias sobre los derechos humanos y costumbres y primeros oficios en la nueva nación.
Este es el edificio, nada más entrar nos recibe un desnudo en madera, varios tótems y un Rolls Royce decorado muy espectacular.
Desde un mirador del museo vemos su ubicación junto al Parlamento y al hotel The Express.
Además de darte muchos datos sobre la vida animal y humana de la provincia desde la prehistoria, te muestran unos escenarios muy creíbles. El equipo de diseño, ambientación y montaje desde luego está formado por grandes artistas que saben lo que se llevan entre manos. En el mapa mundi de la foto de abajo puede uno con una cuerda marcar su procedencia. Hay alguna desde España hasta Victoria, destino de todas.
Algunos animales están en vitrinas pero muchos más en recreaciones de ambientes naturales a los que añaden un sonido ambiental que te produce una sensación muy grata y nada fría como suele ocurrir cuando se ven animales disecados.
Los zarzales, marismas y humedales están muy conseguidos en esos colores grises que resultan muy originales. Los crustáceos estaban en vitrinas etiquetados.
Una segunda parte a la que el museo da mucha importancia es la defensa de los derechos humanos indistintamente a través de la música (todo tipo de música) y los movimientos sociales. Me ha gustado mucho la relevancia que le dan a la música en ese sentido. Creo en ello.
Viene a decir que la música acompaña y amplifica nuestras manifestaciones, es la voz de todo el que quiere hacerse oír y luchar contra la injusticia. Había muchos vídeos en grandes pantallas, entrevistas a músicos, a líderes sociales,...
Los escenarios que reproducen espacios comunes y oficios en vías de extinción en los pueblos durante los primeros años de esta joven nación los recorres como si estuvieras en un plató cinematográfico. Calles, interiores de casas, garajes, una imprenta, un estudio fotográfico, ...
...los camarotes y parte del cascarón del Discovery, un barco de época con 100 tripulantes; una farmacia y una mesa con chivaletes (esto me lo ha soplado mi amigo Ignacio).
En la misma manzana del museo y perteneciendo a él, fuera del edificio hay algunas esculturas, tótems, la casa es una escuela antigua, y hasta unas huellas de dinosaurio. La escultura de los padres y el niño es muy buena.
Camino del Parque de la Colina de Beacon he visto estos edificios típicos. Los tres de abajo son el Colegio Parque Sur de aquí. Estaba en obras.
Antes de meterme en el parque lo he rodeado para asomarme al mar. Mientras comía había llovido y luego ha quedado una tarde magnífica y con mucha calma. El mar una balsa de aceite y cada pocos metros una serie de bancos para contemplarlo. Son los que suelo usar cada vez que mando una tanda de fotos al estado y aprovecho para descansar y disfrutar de las vistas.
Los senderos tanto junto al mar como luego en el interior del parque son estupendos. Había mucha gente paseando, corriendo y jugando con sus perros.
En el parque otro tótem (el más alto construido con uno solo tronco de madera) es en honor a los indios fallecidos en las dos guerras mundiales.
Terry Fox (glorioso apellido) fue un joven deportista que con 18 años contrajo un sarcoma y le tuvieron que cortar una pierna. En el hospital conoció a otros pacientes de cáncer y al salir recorrió parte de Canadá recaudando fondos para ellos. En el pedestal con su estatua hay tres frases suyas: "Creo en los milagros, lo tengo que hacer"; "los sueños son posibles si lo intentas" y "en algún lugar el dolor tiene que parar". Todo un ejemplo a seguir. Murió con 22 años cuando se le reprodujo el cáncer. Es otro de los lugares de parada obligada en una orilla del parque.
Durante toda la tarde he convivido con estos bichejos. La gente debe darles de comer porque se acercan con mucha confianza. Los he tenido a todos a un metro de distancia.
También aunque noviembre va ya avanzado además de los amarillos del otoño he visto en todo su apogeo algunas flores. Una gozada para la vista.
El cartel dice: "Aquí viven especies de plantas raras y en peligro". Sin duda. Algunas ni en botánicos las he visto. Me produce mucha alegra siempre reconocer una planta como nueva a mis ojos. Es como decir "la vida sigue; la naturaleza evoluciona". Es muy reconfortante solo su existencia.
También había gran variedad de árboles. La verdad es que cada pequeño trozo de parque se nota que está muy pensado y diseñado por grandes profesionales. No sé si se ven bien pero había una especie de pinos de color rosa pálido que me han sorprendido mucho. El otoño también colabora en la belleza. Hasta cuando muere la naturaleza es bonita.
No he dejado de ver fuentes y pequeños y grandes estanques en todo el recorrido. En cuanto llegas a uno ya estás viendo otro en las cercanías. La tarde estaba cayendo. Si mirabas al oeste aún entraba algún rayo de sol; si al este las siluetas se oscurecían. Desde unos puntos los colores brillaban; en otros cogían ese color pardo del ocaso. En fin, una estupenda tarde para haberla compartido.
Son muy sencillas las fuentes pero es que el lugar no pide más. Un palmo de agua, unos cuantos chorritos y los animales chapoteando y graznando o cantando si son otro tipo de aves.
Al final de la tarde por el oeste ardía el horizonte. Los juegos de luces y colores en el agua piden que te pares a contemplarlos y andas con un ojo en el agua y otro en el reloj para que no se te haga de noche, que nunca se sabe con quien puedes topar, aunque mi experiencia en los últimos países visitados ha sido de mucha seguridad.
Ese ha sido mi día de hoy. Mañana no tengo nada planificado porque no quiero moverme mucho. Preparar el viaje de pasado mañana a Seattle para comenzar el periplo estadounidense, a ver si termino un dibujo de Bangkok, y si acaso ir a un barrio bohemio que creo que no está muy lejos, o si me dan en la oficina de turismo información de alguna actividad musical, para allá que me voy, pero ya por la tarde. La mañana va a ser tranquila, que no se me queje la rodilla.
Buenos días a todos, que os veo ya desperezaros por el rabillo del ojo. Yo me voy a la cama que por aquí pronto cambiaré de día. Un abrazo, queridos.






















Espero con cierta impaciencia tu retorno por diversas razones : primero por darte un abrazo y recibir de viva voce la parte golfa del periplo,
ResponderEliminar¡ ¿ porqué habrá una parte golfa, digo yo ? ! .Segundo, por darte una señal económica para reservar un ejemplar del libro que a buen seguro vas a editar. Tercero, porqué te puse una paella a refrescar para que, junto con Eufemio y mientras nos la zampamos oliendo a Mediterráneo , te relajes de tanta hermosura y color cómo has acumulado en tú maleta, y cuarto, porque tenemos al país un poco bailongo y ahora, más que núnca, necesitamos de la exquisitez de personas cómo tú, de un centro derecha diría yo, que aporten sensatez a una deriva temeraria.
Me encanta que hayas dado con un club de jazz dónde vas a cenar a ritmo de swing y que además se llama Hermann. Te explico : Pertenece a una franquicia que, desde Nido de Arte en Albacete, fundé para irradiar a nivel internacional lo que nuestro pueblo y sus gentes son capaces de generar con espíritu creativo, imagínate tú ahora si tuviéamos algún apoyo institucional, lástima.
Ahora hablo con Hermann para que te haga algún descuento en las consumiciones.
Hasta pronto hermoso, cuídate