martes, 4 de noviembre de 2025

Un perfecto día de otoño en Vancouver (Canadá).

     Pues si. Absolutamente perfecto. No sabía si además de visitar el Stanley Park tendría tiempo de hacer algo más. No ha hecho falta. El perímetro del parque son 9 kilómetros más la vuelta al hotel que la he hecho andando y eran algo menos de tres, con las paradas para disfrutar de todo lo que he visto y compartirlo, ha resultado una jornada inmejorable.

    Para arrancar me he cogido un UBER porque no tenía clara la distancia y no quería perder tiempo sino aprovecharlo. Definitivamente me he hecho cliente de esa página de transporte en ciudad. Ya me han timado suficientes taxistas. La última una señora más que cincuentona en Honolulu me cobró del aeropuerto al hotel 71$ y un Uber dos días más tarde por un porte similar 23$. Los taxistas muchas veces no tienen el taxímetro localizable fácilmente y no sabes si lo ponen o no, y cuando llegas a deshora a un sitio o te ven despistado, cataclasss!!. Timo al canto. No me volverá a ocurrir donde haya UBER. Te anticipan el costo que siempre es ajustado, te dicen nombre del conductor y matrícula, marca y color del coche, donde está y lo que tardará en recogerte y donde lo hará. Como tienen mi tarjeta, ellos le pagan y si me dejara algo o tuviese algún problema, les puedo informar. Lo dicho, y lo siento por los taxistas. Los he utilizado mucho pero hay mucho sinvergüenza en el gremio. Tienen que arreglarlo.

    En la puerta del parque ya, lo primero que destaca son los colores del otoño. Que bienvenidos son después de seis meses de verde. Hacía sol y no mucho frío. Como 9 grados que con el sol de cara son agradables. El lugar es una península y al otro lado del agua la ciudad muestra su perfil a la sombra. Ese gran edificio de madera construido en el agua es un club exclusivo. 


Ahí tenéis el plano. Lo blanco es la ciudad y lo verde Stanley Park. Un camino asfaltado más un carril bici rodean todo el exterior junto al agua. La carretera para coches va más adentro y no se ve casi. El puente que veis es la entrada a una instalación militar. La gente llegada, muchos en bici y otros corriendo, se toma sus descansos y disfruta del magnífico día y formidable entorno.

El club de veleros de Vancouver tiene unas instalaciones inconmensurables. Lugares de atraque e innumerables naves cubiertas tal y como podéis comprobar. En seguida oigo y al levantar la vista veo una formación de patos en 'V" llegar. Me acerco y están devorando la hierba mojada del relente. Ni de inmutan al acercarme. A lo largo del día vería miles y miles todos iguales y de bastante más de 10 kilos de peso cada uno.

En una zona concreta, en el agua no paran de despegar hidroaviones supongo que con turistas. También me sobrevuela algún helicóptero. En un lugar destacado le han hecho un homenaje a Harry Winston Jerome, un gran atleta local del siglo pasado. Tuvo varios records del mundo en distancias y relevos medidos en yardas. También en cien metros lisos en 1960 con 10 segundos de marca. De los primeros. En cuanto paseas hacia el interior grandes árboles y una paleta multicolor junto a la fragancia otoñal te llenan el organismo.

En un apartado hacia el interior han hecho un modesto pero vistoso reconocimiento a familias y tribus de indígenas que habitaban el lugar antes de ser descubierto por los europeos. Son una docena de Tótems con placas explicando a quien rinden honores. Me han parecido, por sencillos, muy bonitos y expresivos.

Son bastante distintos entre si en tipos y colores de maderas y pinturas porque supongo que corresponden a muy variadas etnias y tribus.

En la curva norte hay un faro que pusieron tras un grave accidente en el siglo XIX, que en su día funcionaba con fuegos y sirenas y posteriormente fue mejor acondicionado. Enfrente (lo vemos desde un mirador con carteles) hay diferentes puertos según la carga que llevarán los barcos que atracan en cada uno (contenedores, pasajeros, alimentos, productos de la minería canadiense...) hasta cinco o seis distintos.

En el camino excelentes espacios donde tomar aliento y disfrutar del paisaje. Hay un dragón que trajeron los japoneses tras algún acuerdo o colaboración con el gobierno. También una sirenita. Esta chorreando de tanta gaviota. El árbol de las dos fotos de abajo a la izquierda parece haber crecido para ser asiento de los caminantes. 

Poco más adelante veo a una joven asiática parada con el móvil como grabando. Miro al agua y veo una cabeza y pensé que era su perro bañándose. Me acerco y era una foca. Además interactuaba con un pájaro parecido a una gaviota. Más adelante veo diversos grupos. Hay muchas. Y un poco más allá además de algunas gaviotas han aparcado miles y miles de patos. El espectáculo es enorme. Pero es que echo la vista atrás y a lo lejos diviso un sistema montañoso nevado gigantesco (primera foto de la composición). Cosa parecida creo que me espera dentro de poco.

Justo en el vértice norte hay un puente exagerado con una distancia entre sus torres de casi 500 metros. La base está llena de cormoranes. Y al pasar al otro lado, otro faro, este con una luz roja solo en lo más alto. 

En la parte norte hay más umbria y la pared de roca, que es muy alta, está totalmente mojada, pero no refresca mucho. El camino sigue siendo muy agradable hasta llegar a Siwash Rock que es ese peñasco en otro vértice de la península con una cara soleada al oeste.

En lo que llaman "Tercera Playa" hay otra bandada de patos, estos todos en fila tras su jefe, y una concesión gastronómica. El lugar e instalación genial pero no hay cerveza y de comer poco más que pollo o pescado frito con patatas. Una pena. Si lo pillan los de la Asociación de Hosteleros de Albacete y les dejan, ya están montando las jornadas de la tapa. Jejejeje. Los troncos enormes como los que veis son los bancos que utilizamos todos para sentarnos un rato en la playa mirando al mar.

Después de ya casi los 9 kilómetros la tarde va cayendo, se ha nublado y vuelvo a ver la ciudad de Vancouver delante. Si contáis las grúas de la foto de arriba a la derecha veréis que se trata de una ciudad muy viva. Un par de hindúes y otra mucha gente, como yo, van de retirada. El parque lo cierran a las diez de la noche. Muy tarde para los horarios que se gastan aquí. 

De vuelta al cemento observo algunos edificios que me llaman la atención. Uno con un árbol plantado en la azotea. La estética aquí es menos atrevida en general que en otros lugares desarrollados. En las dos fotos del centro arriba recojo también un par de edificios más antiguos supongo que de los inicios del siglo pasado.

Unos jocosos gigantes de bronce llenan la primera plaza camino de casa. El autor en la bancada dice que con esa obra pretende la risa, felicidad y buen rollo de quien la contemple. Es inevitable. 

Ayer me quedé con ganas de mostraros el parque móvil de la ciudad. Mirad lo que he recopilado en no más de diez minutos haciendo fotos. No coment.

La guinda la ha puesto este mural de Elizabeth Hollick homenajeando a los clásicos del jazz. Están representados de derecha a izquierda:
Al piano Dave Brubeck.
La voz Ella Fitzgerald.
Clarinete Benny Goodman
Saxo Charlie Parker
Trompeta Dizzy Gillespie
Batería Max Roach
Contrabajo Charles Mingus
Guitarra John Scofield
Me he quedado trasconejado  ante tamaña visión. No tengo más que decir. Buenas noches España. Buenos días cuando me leáis. 

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