domingo, 16 de noviembre de 2025

Calgary (Canadá). Como toda ciudad tiene su alma en su almario...

    ...pero hay que buscarla. La primera impresión tanto ayer como hoy es de una ciudad muy fría e insulsa, pero he terminado convencido de que la gente dentro de sus lugares de encuentro tiene una vida social muy rica.
    La capital de Alberta tiene una extensión enorme y está rodeada de grandes polígonos industriales que ayer no aprecié preocupado por la localización de la parada del bus y mi posterior instalación, y luego posee una gran manzana de rascacielos y edificios antiguos de piedra arenisca mezclados y otra en la ribera del río Bow que conocimos en Banff y que investigaré mañana, parece que con explendidos parques y lugares de reposo y actividad física, a elección de sus visitantes.
    Como os digo, la primera impresión no es acogedora. Muy poca gente en el centro (posiblemente por ser domingo) y demasiado cristal sin que se aprecien obras relevantes como en otros sitios.


Los edificios antiguos, neoclásicos y de piedra arenisca. Aquí ya no hay montaña alguna ni roca que extraer de ellas. No son muchos y están concentrados en unas pocas manzanas, pero me han gustado.

Algo que sorprende por no haberlo visto con tanta frecuencia en otros sitios es que muchas manzanas están unidas por pasillos aéreos lo que permite a los ciudadanos moverse por ellos sin pisar la calle. Esta es solo una muestra.

La torre de Calgary tiene arriba además del mirador un restaurante giratorio. Los otros cuatro edificios son las cuatro esquinas de un cruce de calles en el que se aprecia el contraste urbano.

Los edificios son el antiguo y el nuevo ayuntamiento que comparten plaza con un memorial a los bomberos y policías locales de la ciudad. El transporte público es un tren con sus paradas repartidas por toda la ciudad (ni tranvías ni buses he visto).

La ciudad ha invertido en arte callejero. Creo que hay una ruta turística para descubrirlo que no sé si tendré tiempo mañana de explorar. No obstante ya me he cruzado hoy con cosas muy interesantes. Es algo que he repetido ya varias veces que se debiera favorecer y apoyar en todo el globo. La cultura nos ayuda a ser mejores y más reflexivos.

Mirad que curioso. Todas las vallas de plástico que utilizan para señalizar y dirigir el tráfico, del mismo modelo que en cantidad de países, incluido el nuestro, están decoradas. Son cosas sencillas pero añaden alma a esta urbe tan necesitada de ella, al menos exteriormente. El primero, quizá el menos artístico, me ha encantado por el argumento. Una mano, parece que imantada, intenta hechizar al pez para que no muerda el anzuelo. 

Sorprende que haya tanta montaña (que aquí brilla por su ausencia) en las obras; aunque en la región si la hay, y mucha.

El edificio de las barras de aluminio es un multiusos para reuniones y actividades de empresas y/o particulares y está pensado para un ulterior uso más masivo que el que acoge ahora. El otro es una de las grandes sorpresas de la mañana que me ha hecho moderar sobremanera mi opinión en positivo sobre la ciudad y sus habitantes. La biblioteca pública. Un lugar de encuentro y actividad cultural como he visto pocos en el viaje.

Nada más entrar te quedas con la boca abierta del diseño y posibilidades que le sacan al lugar. Numerosas manifestaciones culturales y actividades estaban en marcha al mismo tiempo en cantidad de salas, unas compartidas y otras más reservadas (lecciones de baile, partidas de ajedrez de mucha gente joven, exposiciones, esculturas, apartados infantiles amplios y participativos). Me la he recorrido enterita y ha merecido mucho la pena.

Una chica mira su móvil en una especie de grada o pequeño anfiteatro, un reducido grupo, parece que familiar, charla mientras contempla el exterior a través de grandes ventanales, un ajedrez gigante -poco después utilizado por una madre y su hijo- está listo para la partida, yo estoy esperando para presenciar una clase de baile de salón anunciada en el hall poco después, esos chicos de la derecha en medio hacen un crucigrama en un gran mantel de plástico desplegado en la pared,...

La vitrina en la que los ciudadanos escriben sus posits para proponer mejoras a las autoridades me parece una genialidad por el acceso tan sencillo que supone. La gente empieza su clase de baile. Hay juegos de mesa disponibles en varios sitios. Hasta el preciosista diseño del interior parece sumar en un centro lleno de vida.

Esta es parte de una exposición y venta de cuadros colorista y de gran nivel. El precio de los cuadros (entre 500 y 650$) es elocuente.

Estas son alguna escultura y planchas de acero que adornan este espacio. Las que se ven en círculo dice que representan el pasado, presente y futuro de Alberta.

De allí me he ido a comer y me he tropezado con esta cancha deportiva pública con una pista de baloncesto y una mesa de ping pong.

Y la segunda sorpresa para un melómano como yo ha sido este centro nacional de música, a la vez Museo y lugar de actividades y eventos musicales. Estos son el edificio y algo primordial, los patrocinadores, comandados por el gobierno nacional. En España lamentablemente nos queda mucho recorrido en este camino.

A quien me conozca no tengo que comentarle lo que he disfrutado allí dentro. Instrumentos, audiciones, masterclases, etc., y una cosa muy importante y a la que dedican mucho espacio; los músicos no solo internacionales sino también los locales. "Albarta ahora" se llama la sección.

Hay cosas muy singulares. A ese instrumento con el disco redondo con clavitos y lengüetas que lo hacen sonar le llaman symphonion pero hay otros muchos como veis muy especiales. También trajes de artistas de renombre sobretodo del jazz y del country.

Es una gozada solo la existencia de un lugar así..., y cada dos pasos te encuentras grabaciones musicales o explicaciones de la vida y milagros de música y músicos.

Celebran el centenario del nacimiento de Oscar Peterson (yo pensaba que era americano pero es canadiense), un virtuoso. El hombre de las cuatro manos lo catalogan por su rapidez y desenvoltura con el piano. Sin duda uno de los grandes del jazz mundial. En el salón de la fama veis algunos más también destacados y muy conocidos en nuestro país no solo por especialistas.

Parte de los instrumentos (ese piano rojo por ejemplo) están a disposición de los visitantes, algo excepcional en la mayoría de museos,... No os doy más la vara. La tarde ha sido muy a mi gusto. 

De vuelta al hotel, a las cinco de la tarde ya anochecía. Me he topado con la Catedral Anglicana de Calgary, me he asomado y había un concierto sacro de un coro parecido al mío (peor), todos vestidos de monaguillos. Ha sido una guinda inesperada. 

Hoy me despido con la animada conversación de estos dos gorditos con los que también me he cruzado camino de casa.
Mañana la ruta está prevista por la zona del río y los parques aledaños y si sobra tiempo buscaré más arte callejero o algo de música en vivo. Buenos días, buenas noches. Al final Calgary también ha merecido la pena.


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