sábado, 22 de noviembre de 2025

Por los barrios de Victoria (Canadá).

     Como el ferry salía a las cinco de la tarde, hoy he podido ver las cosas que en principio tenía planificadas para ayer y que fueron suplantadas por la música. Ha sido un día muy tranquilo, con una temperatura estupenda, sin viento ninguno y con poca gente en las calles. He paseado entre viviendas que ahora veréis, muy bonitas y alguna edificación oficial, religiosa o deportiva además de visitar el castillo. 

    Como veréis son el tipo de casas que venimos viendo por todo Canadá, pero es que en Victoria hay muchísimas. No hay edificios altos, y conforme te separas un poco del centro, menos. Ha sido como pasear por el barrio hogar de Albacete viendo los distintos chalets pero al por mayor. La primera foto es de una librería con libros expuestos en plena calle. Aquí la gente debe de leer mucho porque las hay por todos lados. Los canadienses viven mucho de puertas para adentro (casa, pub o centro cultural).


Antes del castillo, había talleres, oficinas y algunas casas más funcionales, pero al salir de la zona más comercial absolutamente todas las casas son como estas. Una gozada merodear entre ellas haciendo fotos. 

Buhardillas, galerías circulares, áticos, porches, jardín, grandes ventanales y un colorido muy variado. Lo tienen todo. Hasta las más sencillas tienen su aquel.

Y encima este otoño canadiense que me esperaba muy por debajo de cero grados (venía dispuesto a comprar ropa y calzado para soportarlo), es muy llevadero. No hago más que abrirme y centrarme el chaquetón y ponerme y quitarme el gorro de lana para no pasar frío ni calor. Me gusta más la primavera pero el otoño es bonito vivirlo también cada año.

Ha habido un momento que he dicho: "ya no hago más fotos que tengo muchas y empiezan a repetirse",  pero siempre encontraba alguna que me hacía cambiar de opinión. 

    El edificio grande de abajo es el Instituto de Secundaria de Victoria. Tiene una pradera de césped alrededor enorme. Las dos fotos de al lado son de una iglesia luterana. Como veis en uno de los accesos están los colores LGTB...

Aquí no hay mucho arte callejero, tienen pocas paredes grandes, pero alguno hay y lo he recogido. Los pájaros de metal estaban en un jardín cerca del castillo. El edificio de abajo es un precioso teatro. El otro parecía un gran almacén. No me he acercado


El edificio de la bandera es el Ayuntamiento viejo. Las otras dos fotos son de un estadio, creo que de hockey hielo. En las teles cuando he parado a desayunar o a comer, fútbol americano. No es nada aburrido. El beisbol ni lo entiendo ni me gusta pero el fútbol es un deporte de contacto muy vistoso y con mucha técnica. Me parece interesante, pero bueno, nosotros ya tenemos bastante con lo que tenemos por allí. 

Este es el Castillo de Craigdarroch. Es más bien una mansión de cuatro alturas mandada construir por un magnate de la minería que hizo fortuna y trajo los mejores materiales de  todo el mundo.

    Siempre me ha gustado ver muebles antiguos. Los hacían ebanistas y tienen muchos detalles muy interesantes, pero en este caso me han gustado más las pequeñas esculturas que veis y ese perchero con mamá osa y su osezno.

Obviamente también hay en la casa muebles preciosos, y unos miradores y galerías para estar muy atractivos. 

Hay zonas como es natural para los señores y otras para los criados. Incluso las escaleras, hay una de uso exclusivo de los empleados. 

Seguro que todos hemos tenido cuadros del tipo de los que veis de antepasados de la familia en blanco y negro o sepia que terminan en el cubo de la basura cuando una generación ya ni sabe quienes son. Yo lo he vivido. 

La mesa de billar es kilométrica, ese buró me lo llevaría a mi casa para dibujar o escribir en él. Siempre me han gustado. Pianos había varios. En la historia del edificio hubo una época en que fue conservatorio. Las hijas del potentado no tuvieron descendencia y el edificio ahora es del gobierno.

    Por último ya en pleno barrio me he encontrado con la Posada de Fernwood sin buscarla. Había leído que merecía la pena entrar aunque solo fuera a tomar un té, y he entrado a comer porque además es barata. Una maravilla de edificio por fuera y por dentro. Con gente entrando y saliendo sin parar y muchos rincones y ventanales preciosos.

No me he podido resistir a sacarme una foto en ese pedazo de espejo. En todos los sitios hay una persona (en todo Canadá) dedicada a acomodar a los clientes y un letrero que dice que no entres hasta que no vengan a asignarte tu asiento. El rubio ese era en encargado allí.

Y desde allí, al hotel a por las maletas y al ferry desde donde estoy haciendo la entrada al blog. A punto de llegar a Seattle. Voy a ponerme en marcha a ver cómo se da el control de inmigración. Un abrazo desde los Estados Unidos, un punto señalado en la ruta. Espero que estéis durmiendo como los Ángeles. Yo lo haré dentro de unas horas. Mañana más. 

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